El arte de manejar la máscara

Entrevista al actor de teatro Pep Planas, por IRENE BENEDICTO

La primera vez que Pep Planas entró en combate corría el s.XVII. Cyrano de Bergerac era sin duda una buena primera obra por la que subirse a un escenario. Pep no encarnaba al poeta narigudo ni a su apuesto cómplice, pero de ambos aprendió que, al igual que en la conquista de la dama, para enamorar al público tenía que remover algo en su interior.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Sigue leyendo

Anuncios

“La profesión de actor me ha enseñado a ser muy empático”

Màrius Hernández, el actor barcelonés de teatro y televisión, se acercaba hacia nosotras con una sonrisa, a través de la multitud ante el Zurich Café de la concurrida Plaza Catalunya. El ajetreo de la gran Barcelona le otorgaba ese anonimato protector que cualquier actor desea en algún momento. Había sido una locura por nuestra parte citarnos en el centro neurálgico de la ciudad, así que cedimos la iniciativa a nuestro entrevistado, que se ofreció a conducirnos a un lugar más tranquilo.

Por IRENE BENEDICTO y LAURA FLAMARICH

Con una sencilla banda sonora y el ruido de la máquina de café, nos sentamos en un tranquilo bar: Màrius Hernandez, y el equipo de Tras el Escenario al completo. El actor fue atendiendo amablemente a nuestras preguntas, con honestidad y simpatía, manteniendo el control sobre lo que decía en todo momento.

¿Cómo fueron los inicios?

Mis padres querían que fuera ingeniero de puentes y caminos, pero yo insistía en que quería hacer un FP teatro. Para alivio de mi familia, nos fuimos a informar al Instituto del Teatre de Barcelona y descubrimos que era equivalente a unos estudios universitarios. Ahora el teatro está mejor considerado, pero en aquella época había mucho temor a que los hijos se dedicaran a la interpretación. Así que empecé la universidad e hice hasta 4 º de Historia Contemporánea, la mentira más gorda de mi vida, para que mis padres estuvieran tranquilos, hasta que no me lo pude compaginar y me decanté por ser actor.

Màrius Hernández – Por CLARA FERRER

¿Cómo llegaron a contratarte en Génova?

Fui la primera generación del Institut del Teatre que fue de Italia a hacer un seminario de tragedia con estudiantes italianos e ingleses. Allí trabaje escenas de teatro con Domenic West, el protagonista de la famosa serie The Wire. En la presentación del trabajo final de tragedia, uno de los directores me dijo “un día tú y yo trabajaremos juntos”. Y no me lo creí, pero al cabo de 4 años me llamaron para hacer una interpretación de Romeo y Julieta en un teatro similar a lo que sería el Teatre lliure ahora aquí.

Entonces, ¿primero fue el teatro y luego la televisión?

De hecho, primero fue el cine. Mi primer trabajo remunerado fue a una película que se llamaba “Bajos fondos”, donde Sitges y Castelldefels se convertían en las calles de Colombia. A mí lo que me gustaba era actuar y estaba muy obsesionado con hacer teatro.

Con qué género te quedas: ¿televisión, teatro o cine?

Imposible decidir, es como si te hicieran elegir entre uno de tus hijos. En directo sientes la respiración del público, hacer televisión es muy divertido, el cine es más elaborado, pero también es más lento porque esperas mucho más. Como actor es buenísimo poder probarlo todo.

¿Cómo ha sido el proceso de meterse en la piel del Teddy en la obra “Qui a casa torna”?

Ha sido muy rápido, yo no tenía que hacer ese papel. Ensayamos muy poco y aún en cada función voy precisando algunos matices. Fue muy duro, y no sólo por la cantidad de texto: tenía que trabajar la presencia, los silencios, la observación y la escucha.

¿Cómo defines a Teddy?

Teddy es quien recibe la mierda de todos los demás personajes. Yo necesitaba encontrar una justificación para poder hacer de Teddy con credibilidad… al final llegué a la conclusión de que todo lo hace por amor. O quieres a esa mujer o no aguantas todas esas humillaciones.

Nos han educado con la familia como punto de referencia, por eso también la gente con familias desestructuradas, mal que les pese, sigue teniendo un vínculo con su lugar de origen. A cuántas mujeres maltratadas no les cuesta romper con su pareja. Mucha gente con 40 años sigue necesitando que la familia los acepte, que el pasado te acepte a ti y que tú te sientas aceptado. Finalmente, Teddy descubre que en su familia continúan igual de enfermos y jura, y juro, que nunca más volveré a aquella casa. Se va a América a rehacer su vida.

¿Cómo recibe el público este personaje?

Mucha gente me ha preguntado por qué vuelve a casa sabiendo el panorama que le espera. No le entienden. Cuando Teddy explota, pronuncia un discurso tremendamente intelectual que la familia no entiende, y él es consciente. Ese es el momento en que decide callar, lo deja por imposible.

Parte del equipo de Tras el Escenario con el actor - Por Laura Flamarich

Parte del equipo de Tras el Escenario con el actor – Por LAURA FLAMARICH

¿Prefieres interpretar personajes similares a ti o radicalmente diferentes?

Encuentro más fáciles aquellos personajes que están muy alejados de mí, vas observando gente, informándote…

El irte metiendo en la piel de diferentes personas, ¿en qué medida ha aportado personalmente?

La profesión de actor me ha enseñado a ser muy empático. Tienes que aprender a justificar, siempre en positivo, lo que hace tu personaje, aunque las acciones resulten moralmente reprobables a ojos del público. Si mato a un personaje lo deberé hacer con un fin para que yo mismo me lo crea. Esto te hace ser más abierto de mente, aunque mantengas tus códigos morales y personales, te hace ser más comprensivo con la gente. Esto es lo que aprendo de los personajes.

Los personajes que vas interpretando, ¿van modificando tu forma de ser?

Es cierto que a veces hay actitudes de los personajes que tomas o que te gustaría tomar, pero la interpretación no es ir a terapia. Si me convirtiera en cada personaje que hago, sería esquizofrénico. Ahora mismo estoy haciendo de Pitu en La Riera, un personaje cómico, y de Teddy a Qui a casa torna, que es muy intelectual y muy grave. Mi trabajo es diferenciarlos. Hay una raza de actores que al leer el papel dicen “yo no lo haría”. Es una actitud de actor novel, que tú no lo hagas no quiere decir que alguien no lo hiciera. Marius no mataría a nadie, pero eso no quiere decir que un personaje no lo haga y que tenga sus razones para llegar a hacerlo.

¿Qué te gustaría coger el Teddy?

Los silencios, el punto de reflexión… Me gustaría tener este momento zen de autocontrol, yo soy demasiado visceral, pero no me gustaría vivir lo que vive él.

¿Es más difícil interpretar un papel de una obra nueva o uno que ya ha hecho mucha gente?

Yo me lo tomo igual. Cada artista impregna de su arte el papel que hace. Los directores cuando escogen una obra de teatro es porque quieren explicar lo que la historia les sugiere, o incidir en un aspecto en concreto. El actor lo que hará es intentar entender el personaje desde su punto de vista y con la ayuda del director. Cuantos más referentes mejor, porque no hay que inspirar sólo en la calle. Tienes que ser personal, ponerle tú de tu parte.

¿Tener referencias no añade presión?

En absoluto. Cuando te dan un papel tienes una sensación de vértigo, no sabes por dónde cogerlo. Los referentes son de gran ayuda. También según tu momento vital, enfocas el personaje de un modo u otro. Ahora miro hacia atrás y haría muchas cosas de manera distinta.

¿El director te dio muchas pautas para interpretar el personaje?

He sido y todos hemos sido muy libres. Los actores somos un poco neuróticos. La inseguridad, los miedos…siempre estamos expuestos, va ligado con nuestra profesión. El 90% de los actores son tímidos. Yo de pequeño era tímido a matar, lo reconozco. Hay momentos en que necesitas que te digan un poco por dónde ir. Cuando te dan mucha libertad, según cómo te levantes ese día puede que te encuentres un poco perdido.

¿Tienes algún tipo de ritual personal antes de empezar una obra?

Depende del espectáculo. Los actores en general somos supersticiosos. Con esta función lo he intentado pero no ha habido manera. En la obra me propuse tocar una llave que llevo en el bolsillo, antes de entrar. Estos pequeños ritos son como la pluma de Dumbo. Yo soy el autista de la función, necesito un mínimo de concentración ya que es una obra de una gran complejidad emocional. Necesito mis segundos de concentración y repaso algún trozo del papel en concreto, no todo.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Un grupo de jóvenes que ha terminado la carrera han hecho una compañía propia, “La blava” y como doy clases en el Colegio del Teatro, me pidieron si les podría dirigir. Pronto nos estrenaremos con una comedia de Shakespeare, “Al vostre gust”. En las tierras baleares ya había dirigido, pero estoy muy contento de que hayan contado con migo para esta comedia. Con los chicos, estoy intentando transmitir diversión, que sea algo muy bueno para el espectador cuando este lo vaya a ver. Solo con ver que tengo diez personas con toda la energía del mundo estoy muy agradecido y es muy fácil trabajar con ellos.

¿Cuándo podremos veros?

Estrenaremos en Cerdanyola el día 29 de Junio y haremos un bolo en las Planas el 12 de Julio.

¿Qué crees que la falta al teatro hoy en día?

Una buena gestión por parte de las instituciones. Por parte de los creadores, ser más humiles y menos pedantes. Contar historias, a la gente le gusta escucharlas, más sentido del humor estamos en una ciudad muy seria. Vivimos en una ciudad donde el significado de lo intelectual no está bien comprendido, entendemos una comedia como falta de culto y no es así, hay comedias que genera un nivel de reflexión elevadísimo. Parece que en Barcelona para ser intelectual, para ser reflexivo tienes que ser serio, en otras ciudades eso no sucede.

¿Qué clase de papel te gustaría interpretar ahora mismo?

Màrius Hernández durante la entrevista – Por CLARA FERRER

Tengo muchas ganas de hacer comedia. Pienso que la comedia tiene que hacerse desde la seriedad: la comedia es cruel porque la gente se ríe del problema de del personaje, que hace el tonto. Yo con una buena comedia sería muy feliz.

Parece que “Qui a casa torna” os deja con ganas de comedia…

No, lo mío ya es histórico, siempre he hecho clásicos o cosas muy contemporáneas, nunca he hecho teatro comercial. Lo único comercial que he hecho ha sido en televisión.

Hacer el ‘Pinter’ me ha ido muy bien en contraposición con la tele, me ha compensado. Pero en realidad yo soy más cómico que dramático. En estos tiempos que corren, es el momento de enviar mensajes positivos y alegres, porque las pocas noticias buenas que nos llegan se funden entre tantas malas. No digo que seamos ilusos, pero sí que transmitamos un poco de positividad.

¿Te gustaría crear un personaje para ti?

Claro que sí, hay ideas, proyectos, evidentemente, pero es esto que ahora estoy sobrepasado, ¡tengo un blog con solo dos entradas, no tengo tiempo! A mí me encanta escribir, pero como hobby. Era un espacio para dar mi opinión sobre cosas que pasan, criticar, comentar historias…

En una de las entradas de tu blog hablabas de que todo el mundo debe de tener sus 15 minutos de gloria antes de morir, ¿podrías explicarnos esta idea?

Todo viene porque un chico que vino a ver “Qui a casa torna”, publicó una crítica en internet donde nos reprochaba que “no había suficientes silencios pinterianos”, y pensé “¿te has leído un manual donde dice que los silencios de Pinter deben ser de ese modo?”. Muchas veces gente que no ha pisado en su vida el terreno hace críticas, pero para ser crítico más allá de ser un gran teórico, es necesario que vivir un proceso real de ensayos para hacerte a la idea de lo duro que es. Es cierto que el teatro te tiene que entrar por el estomago. Sino le gustó, yo lo respeto. Con lo que no puedo es con la destrucción del trabajo de los otros.

Cuando relucen los peores valores del ser humano

Por CLARA FERRER

La obra del Premio Nobel de Literatura Harold Pinter “Qui a casa torna” llega al Versus Teatro de la mano de la compañía Frog; esta vez dirigida por Salvador Esplugas. “The Homecoming” (su título original) quedó en el olvido hasta hace relativamente poco. Lo que la hizo emerger en el ámbito catalán fue la traducción de Víctor Mallafré en 1986 con el título “Qui a casa torna” en la Biblioteca Teatral del Institut del Teatre.

cartell

Cartel de la obra en el Versus Teatre

Los ingredientes de la obra son: machismo, cinismo, irracionalidad, violencia, envidia, rencor, resentimiento, menosprecio y odio. Y es que en “Qui a casa torna” los peores valores del ser humano se hallan a flor de piel. Harold Pinter es uno de los maestros del teatro del absurdo y, como tal, la obra pone en tela de juicio la irracionalidad del ser humano.

Teddy (Màrius Hernández) llega a casa después de pasar seis años en América haciendo un doctorado en Filosofía. Pero no llega con las manos vacías. Vuelve a su casa en Londres para presentar su esposa, aprovechando un viaje por toda Europa.

Pero las cosas, a pesar de todos estos años fuera, no han cambiado y Ruth (Karme Málaga) es una mujer, la única, en una familia de hombres (Max, el padre, Sam, el tío, y los hijos Lenny y Joey) donde impera un clima hostil.

Con la llegada del hermano mayor y su esposa, las relaciones de poder se trastocarán. Si bien la familia tratará a Ruth como una prostituta desde el principio, Teddy responderá con silencios. La fragilidad e inocencia de Ruth sólo será aparente en el principio, pues es ella quien acaba ganando e imponiendo sus condiciones.

Los actores con Clara Ferrer. -Por Marta Maté, ayudante de fotografía

Los actores con Clara Ferrer. -Por Marta Maté, ayudante de fotografía.

  • Enlaces de interés 

Crítica de la obra: http://www.masteatro.com/critica-de-qui-a-casa-torna/ 

Nuestra entrevista a la actriz Karme Málaga (Ruth en la obra): https://traselescenario.wordpress.com/2013/04/29/380/ 

“Para mí el teatro es una droga sana”

Labios rojos perfectamente perfilados dibujan una sonrisa cuidadosamente blanca. Karme Málaga es una joven, apasionada y coqueta actriz de teatro, pero también la hemos visto en la pequeña y en la gran pantalla. Se define como una “chica tímida, presumida, introvertida y muy insegura”. Sin embargo, transmite justo lo contrario.

Por CLARA FERRER y LAURA FLAMARICH

La actriz Karme Málaga posa para la cámara. -Por Clara Ferrer

La actriz Karme Málaga. -Por CLARA FERRER

La actriz de Sabadell interpreta a Ruth en su última obra, “Qui a casa torna”; una obra del galardonado Premio Nobel de Literatura, Harold Pinter. Es la única mujer. Los hombres se sienten atraídos hacia ella y ella lo sabe. Su personaje, al igual que ella, también es apasionado, vivaz y seductor.

Lleva unas gafas negras de pasta que resaltan la mirada intensa que transmiten sus ojos azulados. Le encanta posar ante la cámara y rendirse ante ella. Karme Málaga se cuida, se mima. Sabe que su imagen es importante.

Nos hemos citado en Plaça Reial para ir a algún lugar más íntimo. El bar es pequeño y tiene esa peculiar oscuridad acogedora en pleno corazón de la Ciutat Vella. De cálidos colores y rústico, tiene dos pisos, uno medio vacío y otro vacío completamente. Nos decantamos por la segunda opción. La música de matices jazzísticos suena persistentemente a un volumen ligeramente elevado.

Entre los humeantes cafés, las cámaras están en continuo funcionamiento. Flashes y grabadora en marcha, la actriz se siente cómoda pero nerviosa, como eufórica. Le gustan las cámaras. No le molestan. Está acostumbrada a que ojos ajenos se posen sobre ella. Ser el centro de la atención. Tras unas pequeñas risas, da elegantemente un sorbo de su café y comenzamos. Responde segura de lo que dice, es decidida y muy, muy crítica.

¿Cómo empezaste en el mundo del teatro?

Desde pequeña que me apuntaron a una escuela de ballet porque yo tenía los pies planos. El médico les dijo a mis padres “esta niña tiene que hacer ballet”. Al principio no me gustaba porque la maestra nos gritaba un montón. Hacía  todo lo que podía para no ir a clase. A raíz de esto, me empezó a gustar más la danza; hice jazz contemporáneo, claqué y también música. Poco después empecé a hacer un poco de teatro amateur. De esta forma me llegó el momento en que tuve que elegir la carrera. Yo quería ir al Institut del Teatre, pero, lo típico, mis padres que son muy académicos, filólogos, me dijeron: “no, no, tienes que hacer una carrera en la universidad” y me dije, “haz filología”. A pesar de que tenía ganas de hacer teatro, entré en filología francesa.

Yo estaba desmotivada con la carrera. Yo conocía a una actriz de Sabadell, María Barriu, de La Cubana, y me recomendó que fuera a la Escola de Teatre Nancy Tuñón,  en Gracia. Allí pasé los cinco mejores años de mi vida.  A partir de este momento, una representante me vio y empecé en seguida. Es una escuela que exige una preparación de aproximadamente cuatro o cinco años. Tiene disciplinas, desde trabajo de texto a trabajo de escena. Esta escuela me ofreció una muy buena preparación como actriz.

¿La primera obra seria que hiciste?

Tuve la suerte de que en la escuela conocí a una representante que tenía muchos contactos y me empezó a integrar un poco en este mundo artístico. En los primeros castings ya me ofrecieron el papel de protagonista en una película en Madrid. Era cine de autor. Era un trabajo muy duro. En una hora y media de película tenía que repetir muchísimas veces las mismas escenas. Todo aquello fue muy estresante; me daban las separatas, los textos, las citaciones de un día para otro… La película era Las películas de mi padre y fuimos a San Sebastián a rodar. Aquello fue increíble. Más tarde también Ventura Pons, me eligió para hacer una película. Fue cuando me di cuenta que iba en serio.

¿Cine o teatro?

A mí lo que más me gusta es el teatro, es lo que más viva me hace sentir. Hay gente que tiene la teoría que cuando te transformas para representar a un personaje es como si entrara un espíritu dentro de ti. Yo no lo pienso, pero, por ejemplo, en esta obra, Qui a casa torna, el grado de exigencia que requiere un autor como Harold Pinter es tal que es escencial un elevadísimo nivel de concentración. Yo salgo súper cansada. Sin embargo, esto es lo que más me gusta.

¿Cuál es el trabajo del que estás más orgullosa?

Una obra de teatro que hice en París. Trataba sobre la Guerra Española. Era en francés y los actores, que eran de allí, de París.  En el teatro eran todos muy meticulosos con mi forma de pronunciar algunas palabras, me exigían muchísimo. La verdad es que lo pase un poco mal. Con todo, haciendo esta obra conocí a una pareja de españoles exiliados en Francia. Estaban entre el público. Cuando acabó la representación me dieron las gracias en francés, cogiéndome la mano y llorando. Me pusieron la piel de gallina. En ese momento me di cuenta de que, a veces, la realidad supera a la ficción. Fue un “yo quiero hacer esto”.

A la actriz le encanta posar ante la cámara. -Por CLARA FERRER

¿Qué género de teatro prefieres?

Me gusta mucho el teatro de texto, denso, consistente, que requiera un cierto grado de concentración y exigencia. Sin embargo, el drama también me interesa bastante, pues es muy fácil involucrarse en el papel. Y si además me gusta el personaje, me siento identificada con él y el trabajo ya no es tan complicado . Con todo, llevo tanto tiempo trabajando este género que ahora me apetece cambiar un poco y hacer comedia.

¿Rituales antes de la puesta en escena?

En primer lugar, me gusta mucho colocar y ordenar mis cosas. Me gusta crear mi espacio personal. Parece una tontería pero te ayuda a concentrarte. Aquí empiezo a transformarme: me maquillo, me peino y me cambio de ropa. A veces sí que hago estiramientos porque me gusta tener el cuerpo despierto. No acostumbro a hacer calentamientos de voz, cosa que sí hacen algunos actores. Lo que necesito es aislarme, no hablar con nadie durante unos minutos. Hago una meditación interna y sólo me concentro en el personaje.

Porque, por ejemplo, la obra  Qui a casa torna, más que física, requiere una atención psicológica. Tengo un momento autista antes de comenzar. Es en plan “estoy autista, lo siento” pero mis compañeros ya lo saben. A mi me desconcentra estar con un compañero que está todo el rato repasando el texto. El texto ya me lo sé, no necesito repasarlo justo antes de la función. Además, me pone nerviosa.

¿Qué le falta al teatro hoy en día?

El apoyo de las instituciones públicas. Nos están haciendo un boicot total y absoluto. Están consiguiendo que mucha gente no pueda vivir de esto. En Francia no es así. En Francia todo el mundo está contratado y todo el mundo tiene un paro digno. Aquí, decir que eres actor es como un “vive la vida”, no te toman enserio y te hacen sentir muy poco respetado.

Yo misma tengo un pie en el teatro, pero muchas veces estoy haciendo traducciones, visitas guiadas y otros trabajos. Es una vida bastante inestable. Siempre lo ha sido, pero ahora lo es más que nunca.

Entrevistando a la actriz Karme Málaga.

¿Y si no fuera el teatro? ¿Dónde te veríamos?

Seguramente sería traductora, porque he trabajado mucho de intérprete. Me gustan mucho los idiomas.

Y si los dominas tanto, ¿no ves un futuro lejos de aquí?

A veces he pensado en irme, irme por ejemplo a París porque hay mucha oferta cultural. Creo que allí podría tener más posibilidades, tal vez. Pero me da miedo marcharme, estoy muy arraigada aquí. Es mi ciudad, aquí tengo a mis amigos, a mi familia, a mi perra Valentina… Me da rabia tener que marcharme porque aquí, en mi país, no se me da la oportunidad de trabajar. ¡Tengo tantos amigos que se han marchado! Es muy frustrant esta situación.

karme

¿Te pareces a los personajes que interpretas?

Al final siempre hay algo de ti que se acaba aproximando al personaje. Físicamente tú eres como eres, puedes transformarte (y a mí me han dicho que tengo un don para hacerlo). Es imposible que no haya cosas de la personalidad de Karme que no tenga la personalidad de Ruth. Siempre, en cada personaje, hay algo tuyo, una parte tuya muy personal. Y creo que esto es muy positivo, muy enriquecedor, porque haces que este personaje crezca. Haces que sea una persona real y no algo construido.

 ¿Hay algún personaje, algún papel o alguna situación que te haya resultado desagradable?

Sí. Hice una obra, Desiguals, en el Teatro Gaudí. Interpretaba a una joven periodista,  atractiva, con éxito, que necesitaba afecto y se dejaba querer por todos; tanto por hombres como mujeres. Era bisexual. Eso fue relativamente fácil de interpretar pero a mí me han enseñado a trabajar siguiendo la doctrina de la Escuela Realista. Tú, como actriz, tienes tus limitaciones. Nunca podré ser un hombre ni con treinta años puedo pretender interpretar a una persona de setenta porque tengo una edad físicamente y mentalmente muy lejana a ésta.

Karme 2

Recuerdo que en esta obra, en Desiguals, me hacían interpretar a una mujer de sesenta años. Yo podía caminar de otra manera, pero no me creía el personaje. Y si yo no me creo el personaje porque físicamente no llego… Me sentía como forzada, como sobreactuada. Notaba que estaba haciendo algo que a mí no me gustaba. Pero el director me lo pidió y yo lo hice. 

¿Con qué dificultades te has encontrado a lo largo de tu carrera?

Con la falta de palabra y de profesionalidad de ciertas personas que se aprovechan de la ilusión y de las ganas de trabajar. Algunas veces me he sentido degradada como actriz y como mujer. Hay mucho machismo en el mundo del teatro. Me he encontrado con gente que pienso “ojalá no te hubiera conocido”. A veces he llegado llorando a casa y me he encerrado en mi cuarto. He tenido bajones. Pero después te llaman para hacer otro papel y vuelves a estar alegre y quieres seguir adelante. Sobre todo en la televisión me han vendido un tiempo con el perfil de “tía buena” que yo ya no quiero ni me interesa. El físico determina mucho. Por eso lo que yo quiero es el teatro. En el teatro o tienes talento o lo dejas correr.

¿Proyectos de futuro?

Antes de hacer teatro también hice publicidad, donde el físico es lo más importante. Fui a un cásting, hace más o menos un mes. Yo no acababa de encajar..todas eran modelos.

En cuanto a proyectos inmediatos me han propuesto hacer una comedia, pero no puedo decir nada más. Pero de momento no hay dinero… solamente me la estoy leyendo.

¿Como sería un día contigo?

Tengo días muy distintos, casi nunca tengo un día igual que el anterior. Mi vida no es demasiado rutinaria. Me levanto, voy a clase de yoga… hoy, por ejemplo, tengo clase de alemán de 15h a 19h. Por la noche seguramente iré al teatro. Eso sí, voy mucho al teatro. Me encanta ver lo que hay, enriquecerme y empaparme de lo que me rodea, de toda esta cultura.

¿Cómo compaginas tu vida profesional con tu vida privada?

Depende. Hay momentos en que soy muy feliz porque estoy haciendo teatro, que es mi pasión. El teatro es una droga, como una droga sana, porque es terapéutica, estás ocupado mentalmente. Cuando hago teatro es cuando más feliz soy y si, además, me toca viajar… es un placer. Trabajar de esto es un lujo.

  • Enlaces de interés:

Currículum detallado de la trayectoria profesional de la actriz: http://www.redteatral.net/actores-karma-m-laga-53346

En su blog, la actriz cuenta sus experiencias y comparte sus gustos más literarios: http://karmemalaga.blogspot.com.es/

Noticia sobre la última obra donde podemos ver a Karme Málaga: http://www.radiosabadell.fm/Noticies/La-companyia-sabadellenca-Frog-prorroga-l-espectacle-Qui-a-casa-torna-al-Versus-Teatre-de-Barcelona

“Me crea un vaivén de emociones interpretar a mi abuela”

Entrevista con Alba Valladaura, la actriz, creadora y directora de la obra “Iaia memòria històrica”

Por CLARA FERRER

La gente entra apresuradamente en el auditorio del Centre Cívic Urgell. Proliferan las cabezas con el cabello blanco y rizado, de haberse hecho la permanente el mismo día en una peluquería. Aún hay poca luz en la sala. Sobre el escenario, en un balancín, está sentada una mujer anciana que espera pacientemente con el labio torcido, haciendo una mueca.

Alba Valldaura tiene 29 años pero sobre el escenario se convierte en una abuela de 96. Su abuela, que le contaba historias, muchas historias, cuando era pequeña. “Pero entonces ella no entendía lo que le explicaba”, cuenta. “A medida que pasa el tiempo y me hago mayor me doy cuenta de que lo que me está explicando es importante. Es una parte vivencial brutal”.

1

Alba Valldaura, la creadora, protagonista y directora de “Iaia Memòria Històrica”. -Por CLARA FERRER

Sobre el escenario tan solo hay una pequeña mesa vieja de madera con dos sillas, un tendedero con ropa y un balancín. Desde el balancín, Alba Valldaura evoca a su abuela en el tiempo más cercano. La iaia necesita ir al baño. Grita a Oriol, su enfermero e interlocutor imaginario. Pero él le dice que no se preocupe, que lleva pañales. “Eso es para los nenes”, replica la anciana.

Pero a medida que avanza la obra, Alba Valldaura también evoca, a partir de las reminiscencias de su abuela, su niñez y su juventud marcada por la guerra civil valiéndose de los diferentes elementos que conforman la escenografía. Se levanta del balancín para ir a tender la ropa y convertirse en su abuela cuando era joven; y recrea su infancia a partir de un juego de títeres utilizando tenedores y servilletas.

Así pues, la obra se representa mediante una escenografía minimalista, con elementos realistas y un lenguaje popular marcado por la pantomima, los títeres y la palabra. “Iaia Memòria Històrica” nos traslada años atrás. Años de guerra y de posguerra, marcados por la hambruna y la dictadura.

Se cierra el telón. Alba Valldaura vuelve a ser ella, una joven que aún no tiene treinta años, sonriente y agradable. Minutos después, todavía está eufórica por la representación. Sonríe y asiente reiteradamente cuando la pregunta aún está en el aire. No puede evitar la emoción, que se asoma en el brillo de sus ojos, al hablar de su abuela, de su iaia.

iaia 1

P: ¿Cómo es interpretar a tu abuela?

 R: Es muy conmovedor, pero no sé si es algo muy familiar o privado. Sin embargo, creo que no es una escena tan privada si tengo en cuenta lo que pasa cuando la represento, la forma en que se lo toma el público. Hay cosas que me hacen gracia, que son cómicas y sé que no lo son. Hay un momento de la obra en que digo “¿cómo se llama a la suegra en ruso”, “estorba”. Esto no es un chiste que he metido yo dramatúrgicamente; es un chiste que cuenta mi abuela muchas veces, se lo cree. En realidad es algo duro, pero ella lo transforma y lo dice con una normalidad y naturalidad… y esto a mí me resulta muy bestia, y lo incorporo.

A mi me gusta hacerlo, me da vida y me gusta interpretar a mi abuela. Cada vez que la hago más fiel, me emociono más y estoy más contenta. Me crea un vaivén de emociones interpretarla.

P: ¿Cuándo decides hacer una obra de teatro sobre tu abuela?

 R: Esta intención de coger su vida y ponerla en algún espacio artístico, la llevo desde siempre. Pero a medida que han ido pasando los años, me toca hacer el trabajo de final de carrera en el Institut del Teatre y me viene inmediatamente la idea que siempre me ha estado rondando por la cabeza sobre mi abuela.

P: ¿Cómo le explicaste a tu abuela que harías una obra de teatro sobre su experiencia?     

R: No se lo he explicado. No puedo contarle de forma explícita porque hace tiempo que mi abuela tiene demencia senil. Así pues, sí que recibe emocionalmente cosas. Por ejemplo, yo he estado ensayando con ella, he ido a la residencia durante un tiempo, me he apuntado cosas que me dice. Después, a partir de ahí ya nace la relación. Ya entiende que hago algo sobre ella.

P: Cómo se lo tomó?

R: Debido a su demencia senil, a veces sí que se acuerda pero a veces no. Hace aproximadamente dos años actué en el Liceo. Necesitaban una persona de repartimiento que fuese de gesto. El Liceo está en las Ramblas, en el Rabal y mi abuela es de allí. Por eso, desde aquel momento, cualquier cosa relacionada con el mundo del teatro o de su barrio ya le ha gustado. A partir de aquí le explico “iaia estoy haciendo una obra sobre ti” y me responde “claro porque has estado en el Liceo”. Es decir, no sabe con certeza qué relacionar pero algo sabe que estoy haciendo sobre teatro.

Yo creo que se lo tomaría bien. Porque ella misma explicaba su historia, tenía ganas de que se transmitiese. No sé cómo se tomaría que la esté imitando. Pero el que sé es que lo estoy haciendo desde el máximo respeto.

P: ¿Lo más difícil de representar?

R: Al principio me costaba mucho la voz. Los gestos sí que funcionaban pero la voz era muy difícil. Pero después empecé a fijarme en su forma de respirar, en cómo le cuesta. Los gestos entran dentro de la dinámica de ella, de por qué va poco a poco, porque respira lentamente. 

Por eso estoy contenta, porque primero hay un trabajo de búsqueda, después un trabajo de incorporar los gestos. No sólo físicamente, sino intentándolo interiorizar lo máximo posible.

P: ¿Cómo se lo toman tus familiares?

R: Por una parte se emocionan mucho, sobre todo la gente mayor, porque estamos hablando de su historia. Pero, por otra parte, hay controversias. Por ejemplo, hay una parte de la obra en que hablo del maltrato. La iaia que represento tiene 96 años. Por eso habla de la guerra, porque es muy mayor y lo ha vivido. De golpe le vienen reminiscencias de cuando era pequeña y una de estas reminiscencias es que su padre pegaba a su madre. Esto es muy bestia para mí porque ver como con 96 años aquello que ha sido tan fuerte en su vida y le ha marcado tanto, a pesar de intentarlo tapar, se le reaparece, lo revive.

Hay gente que está de acuerdo con que lo incorpore y hay gente que no lo aprueba, porque es una parte dura y fuerte. Pero yo la mantengo porque para mí también es importante.

2

Alba Valldaura, orgullosa de su trabajo. -Por CLARA FERRER

P: La mayoría del público es gente mayor. ¿Cómo crees que le afecta la representación? 

R: Esto es lo que me ha dado más miedo de todo, me ha preocupado mucho. Para mí, mi abuela tiene 96 años, está senil y morirá y no me hace daño que muera en el sentido que ha vivido casi 100 años. Lloraré su muerte pero ojalá yo también pueda llegar aquí. Pero cuando viene gente mayor, gente de más de 80 años que está bien pero están viendo que pueden acabar así. Y esto a mí me ha dado mucho pánico siempre porque no quiero faltar al respeto a esta gente. Pero no se enfadan, al contrario,  les gusta mucho. Es la gente de 50 y 60 años la que les sienta peor, pues ven como pueden acabar, lo que les puede suceder.

P: ¿Esta obra ha sido el proyecto de fin de carrera?

R: Como actriz yo denuncio que después de salir del Institut del Teatre, sólo son unos pocos los que trabajan y todos los demás no. Los que no trabajamos vamos a cástings pero la mayoría de veces no nos cogen, argumentando que no tenemos el perfil.

De esta forma, muchos nos dedicamos a hacer proyectos propios pero si te tienes que ganar la vida con esto es difícil. No obstante, tienes unas necesidades de creación y unas necesidades artísticas, si no fuera así no te dedicarías a esto. De este modo, la forma de sacarlo, a pesar de que no estés trabajando profesionalmente o en según qué ámbitos, es haciendo creaciones propias. De aquí viene la excusa de la obra como el trabajo de final de carrera.

P: ¿Cómo fue este salto de trabajo de final de carrera a representar la obra por todo Barcelona?

R: Primero hago el trabajo y sólo hacía cinco minutos de la iaia. Es decir, empezaba haciendo de iaia y después hacía un repaso de cuando era pequeña, de cuando era joven, … hasta que vuelve a la abuela. De todo aquel trabajo que duraba una hora y poco, la gente me decía “la iaia es de puta madre”, “la iaia es genial”, siempre la iaia. Lo demás no llamaba tanto la atención. La iaia ha marcado mucho.

Después estuve todo un año yendo a la residencia, informándome sobre los programas que hacían. Y así amplío, profundizo la parte de la abuela. A partir de este momento, una vez doy por acabado este proceso de ampliación, hago una pequeña presentación delante de unas quince personas relacionadas con el mundo del teatro y del audiovisual. Hay un feedback. Me dicen que es un buen trabajo y lo presento al público. Pero el esfuerzo no termina aquí, porque después de presentarlo al público está todo el trabajo de producción, de llamar a los periódicos, hacer la publicidad…

A pesar de que hemos llegado a poco público, desde septiembre hemos estado haciendo bonos cada mes hasta ahora y tenemos muchos más programados. Estoy contenta.

P: Has trabajado mucho haciendo obras y talleres para los más pequeños. ¿A qué se debe este cambio?

R: Por una parte, sin despreciar al público más pequeño, ha sido una forma de trabajar en el teatro más fácil. Es decir, es un público o es un mercado que hay muchos… lo que es difícil es entrar en el teatro de adultos, sobre todo en los cuatro teatros de Barcelona que funcionan muchísimo por caras conocidas, porque así es como va la gente.

Ya hace tiempo hice otros trabajos para el público adulto pero con lo que más he trabajado es con niños. No es que sea un paso, ya había trabajado con adultos

P: ¿Qué diferencia hay entre estos dos públicos?

R: Los niños en principio son críticos porque si les gusta les gusta y ya está. Pero esto no es malo; los niños son emocionales. Aquí ves si les gusta o no. El problema de los adultos es que no transmiten las emociones y, en consecuencia, no sabes si les estás enganchando o no y es muy difícil trabajar con ellos. Muchas veces he acabado haciendo de iaia muy cansada y pienso “es que no se han reído, es que no han reaccionado, no ha gustado” y después de la obra me vienen y me dicen “ha sido fantástico”.

P: Estás sola en el escenario. ¿Cómo te sientes?

R: Cuesta mucho trabajar en grupo y más cuando empiezas un proyecto sin dinero. Es una producción que no sabes si es amateur o profesional… Tú tienes ganas de hacerlo más profesional pero no tienes ninguna ayuda económica detrás desde el principio.

Si no encuentro a nadie para trabajar sobre el escenario me da igual. Yo necesito trabajar de actriz, necesito crear, necesito subirme al escenario…y, por tanto, lo inicio. Y aquí es uno de los factores de porqué estoy sola en el escenario. Es duro, es muy duro. A veces he estado más tranquila, pero cuando pasa un tiempo que no he hecho la iaia, me vienen muchos nervios porque es una responsabilidad estar allí y dar la talla, el público también se lo merece. Me gustaría trabajar con otras personas sobre el escenario, a pesar de que me siento muy a gusto haciendo esta obra.

iaia

Mercedes Cajo Ballestin, la iaia. -Archivo de la obra

P: ¿Proyectos de futuro?

R: Después de ver cómo ha funcionado la iaia y por qué ha funcionado, los proyectos de futuro que tengo están enfocados en esta línea. Es decir, para mí lo que ha funcionado de la iaia es que trata una temática social; una temática social que es importante tanto en los tiempos que vivimos como por la cultura. Así pues, las próximas obras que quiero realizar y no sola, porque ya estoy comenzando con otros compañeros, es  sobre temáticas sociales. Haremos, por ejemplo, una sobre la inmigración andaluza a partir de los años 50 y una sobre las mujeres en la historia.

“Iaia Memòria Històrica” es una obra marcadamente social, reivindicativa de la memoria histórica. La escenografía minimalista y el lenguaje popular también es una manera de reclamar un teatro más cercano, más humilde. Lo importante aquí no es una abundante y ostentoso decorado, sino la iaia; su historia. Una cruda historia contada desde muy cerca.

  • También te puede interesar…

Vídeo promocional de la obra: http://www.youtube.com/watch?v=GYNtIJF_MHY

Primeros fragmentos de la obra: https://www.youtube.com/watch?v=QEolRf7CgdM

Artículo del periódico La torre del Palau sobre la obra: http://www.naciodigital.cat/latorredelpalau/noticia/18518/iaia/dalt/escenari/permet/reviure/guerra

“El teatro debería ser más accesible”

Carol Muakuku, actriz en Bona Gent. La podemos ver en el Teatre Goya-Codorniu

Por SARA SÁNCHEZ TARIFA

Empezó la carrera de Biología pero en el segundo curso, lo vio claro. Eso no era lo suyo, necesitaba estar encima de un escenario. Después de pasar por varias escuelas de interpretación, entró en el Institut del Teatre y se licenció. Allí fue donde se dio cuenta que actuar es muy complejo: “Hay gente que sí puede hacerlo intuitivamente y después hay otros que, a base de estudiar, también lo puede conseguir”.

Carol Makuku en su camerino antes de empezar la función -Por Sara Sánchez

Carol Makuku en su camerino antes de empezar la función -Por Sara Sánchez

Carol Muakuku interpreta el papel de Kate en Bona Gent. Al igual que ella, su personaje es extremadamente amable y complaciente. Kate es la mujer de Mike (interpretado por Àlex Casanovas), un ginecólogo que consigue una buena posición social después de vivir en un barrio de la periferia de Boston. Un día, Margie Walsh (interpretada por Mercé Aránega), una amiga de la infancia de Mike, llama al timbre de su casa. “Y a base de beber, charlar y dejarse llevar se descubren muchos secretos del pasado”.

El reconocido director Daniel Veronese es el responsable de Bona Gent. Su filosofía es especial. Muakuku explica que un día Veronese estaba en un autobús y delante tenia dos señoras mayores que hablaban todo el rato al mismo tiempo y, a pesar de ello, se entendían. Él ha querido traspasar eso a los escenarios. “No es un teatro de replica, incluso no nos respetamos los turnos de palabra. Los diálogos son como las conversaciones que podrías tener con tus amigos. Veronese quiere que en el momento en que tu entiendas lo que te están diciendo, ya contestes”, señala la actriz. Carol Muakuku afirma que esa intención de que los personajes sean tan naturales ha facilitado su trabajo de meterse en la piel de Kate.

Bona gent bona

Muakuku comparte cartel con actores consagrados como Mercè Aránega – Por Glòria Illa

“Para algunos, actriz mulata; para mi, simplemente actriz”. Esta es la descripción que Muakuku tiene introducida en su perfil de Twitter. Aunque cuando ingresó en el Institut del Teatre sus profesores le auguraron que podría optar a cualquier tipo de papel, lo cierto es que por su color de piel no ha tenido aún acceso a todos los registros: “En Catalunya la gente piensa que no soy de aquí. Por eso, suelen ofrecerme papeles de inmigrante ilegal que no sé hablar bien el catalán, de monja desvalida, de prostituta…” Pero a pesar de esto, ella le da un giro a la situación. Su mentalidad optimista es la responsable de que considere que su perfil no le ha supuesto ningún hándicap sino que le ha reportado ciertos beneficios. “Es cierto que hay menos oportunidades pero también hay menos competencia” reflexiona. “Me lo tomo como algo positivo. Por ejemplo, el personaje que interpreto en Bona Gent es el de una mujer afroamericana. Ser como soy, por lo tanto, me ha permitido trabajar en esta producción”.

destacado sara

Carol Muakuku no se desespera y confía en que llegue el momento en el cual tenga acceso a todo tipo de personajes. A pesar de los estereotipos, su tenacidad y sus aptitudes le han permitido actuar en el Teatre Nacional, en el Borràs, el Capitol… Aunque esta profesión este repleto de dificultades, a ella no le sorprende que pueda vivir de la interpretación: “Ya lo tenia claro desde que entré en el Institut del Teatre” bromea. “Y aún espero mucho mas”.

escenari bona

La actriz delante del escenario donde se representa Bona Gent – Por Sara Sánchez

Antes quizá sí era una profesión muy bohemia pero ahora las cosas han cambiado, la gente se lo toma muy en serio.” Precisamente, la constancia y la disciplina son las bazas que juegan a su favor. A pesar de los obstáculos que existen en el mundo de las artes escénicas, ella puede presumir de estar en una obra de gran calidad: “La entrada de la obra vale 32€. Realmente los vale porque hay mucha gente detrás, pero no todo el mundo se lo puede permitir” El incremento del IVA frena a muchos espectadores a ir al teatro. “Mucha gente piensa que es un lujo pero nosotros creemos que es parte de la formación, debería ser más accesible. Los espectadores pierden parte de su aprendizaje” apunta Muakuku.